
En general, cuando una persona apenas pasa de la adolescencia ya suele tener su personalidad bien definida. Algunos son tímidos, otros extrovertidos, algunos tienen el carácter fuerte y otros se dedican a la filantropía, es decir, hacerle la vida agradable a los demás.
Sin embargo, en ocasiones, cuando conocemos a esa persona especial, que nos llama la atención y que con tan solo verla se nos infla el pecho, nuestra personalidad se reprime. No obstante, hay que destacarlo, aquella persona no es la culpable, pues somos nosotros que inconscientemente reprimimos nuestras actitudes, nuestras palabras, nuestros pensamientos y hasta nuestra manera de actuar, para aparentar una persona que no somos y tratar de ser el sujeto perfecto que la otra persona está buscando. En otras palabras nos volvemos idiotas.
¿Por qué nos idiotizamos? Nos idiotizamos porque nos llama tanto la atención una persona que queremos ser perfectos ante ella, queremos actuar como creemos que esa persona quiere que actuemos, solemos a decir “SI” a todo lo que nos dicen, y sobre todo, solemos acompañarlas a cualquier sitio, así sepamos que en cierto momento nos están manipulando. Y es que en ese momento, no somos nosotros, parecemos estar hipnotizados y con las pupilas dilatadas.
Por estas razones, es que delante de etas personas, solemos actuar de forma más tímida que lo normal; tartamudeamos, porque se nos forma un nudo en la garganta y nuestra mente nos traiciona al hablar; nuestros gestos son inseguros, porque no somos nosotros, simplemente intentamos ser otro, para agradarle a otra persona; y nos paralizamos, porque aunque sabemos que estamos actuando mal, hemos perdido identidad ante esa persona.
¿Qué podemos hacer cuando nos damos cuenta que estamos idiotizados? En primer lugar, debemos reconocer que estamos mal, que no somos nosotros y que actuamos como idiotas. Reconocerlo no es malo, al contrario, en lo particular, creo que estar idiotizado es una de las sensaciones más bellas que hemos podido sentir, porque está acompañada de aprecio, cariño e inocencia pura y verdadera. En segundo lugar, debemos despojarnos y dejar atrás todas nuestras dudas y sentirnos seguros de nosotros mismos. Y por último, ser nosotros mismos, auténticos y espontáneos, ya que si alguien nos va a apreciar y a querer que sea por lo que verdaderamente somos y no por lo que aparentamos ser. A todas estas, sería muy triste que una persona nos quisiera porque hemos renunciado a nuestros ideales y nuestra forma de ser.
Tampoco hay que tomar una actitud acosadora, desesperada e impertinente, como diríamos coloquialmente “palo de agua”, ya que esto lo único que demuestra es inseguridad, desespero e inmadurez.
En conclusión, solo debemos ser nosotros, auténticos y espontáneos, mantener nuestra personalidad donde sea y al frente de cualquier persona, y exclusivamente al frente de aquella persona especial que nos atrae. Al fin y al cabo, si nos van a querer, que nos quieran como somos con nuestra cualidades y defectos, y no porque aparentamos ser la persona màs perfecta del mundo.
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