lunes, 30 de mayo de 2011

La vida es un partido de fútbol


Apenas nacemos y abrimos los ojos por primera vez, vemos nuestro primer rayo de luz, sentimos nuestro primer resplandor en la cara, y sentimos la protección de nuestros padres, es como si estuviéramos siendo fichados desde muy pequeños para jugar en las canteras de un equipo de fútbol.
Luego, cerramos los ojos y caemos en un sueño profundo, y cuando nos despertamos ya estamos en cuarto recibiendo ordenes y consejos de nuestros padres, hablándonos de lo bueno y lo malo de la vida, de las situaciones que se nos podrían presentar y como enfrentarlas. Hecho semejante al de un entrenador dándole las indicaciones a sus jugadores previas al partido: ataquen por derecha o por izquierda, presionen en el medio campo, cuiden las bandas, aprovechen el juego arreo, etc.
Posteriormente, en otro abrir y cerrar de ojos, estamos caminando en el tunes que nos conduce al terreno de juego, es decir, al juego de la vida. En este túnel caminamos lentamente, tratando de recordar las indicaciones que nos habían dicho nuestros padres; algunos andan concentrados, seguros de si mismos y con ganas de salir a jugar. Otros, sin embargo, caminan con nerviosismo y preocupados, porque no saben que les espera fuera del túnel. Lo cierto, es todos caminamos con una gran incertidumbre por ese gran pasaje que parece interminable, pero que al final se ve una luz y se escuchan los gritos de público.
Después de un parpadeo, ya estamos dentro del terreno de juego, saludando y estrechando las manos con nuestros compañeros, que jugarán con nosotros el mismo partido, y con nuestros rivales que tratarán de ponernos obstáculos para que no anotemos un solo gol.
De repente, todo se queda en silencio, observamos de una manera más lenta todo, y es cuando la adrenalina o el pánico se adueñan de tu cuerpo, parece que no te pudieras mover, hasta que por fin suena el pitazo inicial, y quieras o no tienes que empezar a correr, a jugar el juego de la vida.
En principio, te sientes tímido, pero poco a poco vas adquiriendo confianza a medida que tienes roce con el balón. Hasta que llega el momento en que cierras los ojos nueva mente y cuando lo abres, ya te han anotado un gol. Por supuesto, ese gol está acompañado de frustración, de lágrimas y enojo. En ese instante, sientes que la vida se te va, pero queda de nosotros levantarnos y seguir jugando para poder remontar.
Inmediatamente, empezamos a correr con más ganas, convicción y fortaleza. Y es que descubrimos que los goles en contra siempre son remontables. Por lo tanto, apenas cerramos los ojos y los volvemos abrir ya hemos empatado y hasta nos hemos ido arriba en el partido, por nuestros propios meritos, pero siempre recibiendo consejos de los entrenadores. Aquí, es cuando nos sentimos alegres, con ese nudo en la garganta que nos indica felicidad.
Mientras que en otro pestañeo, vemos el cronometro y ya han pasado 90 minutos, el juego para nosotros ha terminado, es tiempo de retirarnos del terreno, pero no de la vida, porque aun nos falta cumplir el rol de director técnico, para entrenar a las nuevas promesas, las generaciones de relevo que nos estarán sustituyendo en el futuro.
En este sentido, la vida solo dura 90 minutos. Por eso es ese tiempo debemos dejar todo en la cancha, dar el todo por el todo, jugar al máximo, y no perder las oportunidades. En conclusión deja la vida en la cancha, que la hinchada la está dejando en la tribuna.

jueves, 26 de mayo de 2011

El hombre propone y la mujer dispone


Esta frase siempre la debemos tener presente en cualquiera de nuestras relaciones, ya sean amorosas, de amistad, de trabajo o familiares. Porque se trata de respetar al ser más maravilloso y bello del planeta, la mujer. Siempre hay que valorarlas y respetarlas. Y no es que este dejando de lado la masculinidad, simplemente es un consejo para que no nos adelantemos a los hechos.
Cuando tenemos una cita, que generalmente el hombre es el que la propone, porque siente química, afinidad o porque le gusta la chica, el siempre va dispuesto a abordarla, más sin embrago ya no tiene la iniciativa, porque la chica al aceptar la cita es la que marca la pauta.
Es decir, el hombre propone y la mujer dispone. Por lo tanto, que una chica acepte la cita, no quiere decir que ella está dispuesta a ser abordada y a besar, quizás solo quiera pasar un buen rato, charlar, ver una película o distraerse. Aquí es donde nos confundimos y nos preguntamos: ¿Por qué acepto la cita entonces?
Está claro, que aunque el hombre es el que debe abordar a la mujer, ella es la que marca la pauta con señales o dándole pie al chico para que la aborde, claro está, siempre con respeto. Además, el momento y el lugar también influyen mucho en estos aspectos.
En ocasiones, solo hay que ver cara, las facciones y la mirada de la chica para saber que está buscando. Otras veces se hace difícil y confuso. Sin embargo, lo importante es saber con qué persona estas saliendo, para saber actuar de acorde a la situación.
Lo cierto es que lo único que debemos hacer es disfrutar le momento, no importa como sea, total siempre hay momentos buenos, regulares y malos, pero mientras sigamos este código las cosas fluirán y se darán en el tiempo indicado, el cual siempre lo decide la mujer.
Para el hombre solo queda seguir proponiendo para ganarse la confianza de la chica, hasta que ella disponga el momento que quiera ser abordada. Sin embargo, nada hacemos con esperar meses y años por una persona. En este caso, solo debemos hablar claro con la otra persona para saber sus pretensiones. Esto es esencial para que ninguna de las dos partes salga herida.
En este sentido, no tengamos miedo en proponer, porque de todas las citas, sean malas, regulares o buenas hay un aprendizaje.Las chicas tampoco deben tener miedo en disponer, pues ellas deben saber con que persona están saliendo. Solo debemos proponer con respeto y dejar que ellas dispongan para que la situación fluya y los momentos se den.

domingo, 15 de mayo de 2011

¿Por qué nos idiotizamos?


En general, cuando una persona apenas pasa de la adolescencia ya suele tener su personalidad bien definida. Algunos son tímidos, otros extrovertidos, algunos tienen el carácter fuerte y otros se dedican a la filantropía, es decir, hacerle la vida agradable a los demás.
Sin embargo, en ocasiones, cuando conocemos a esa persona especial, que nos llama la atención y que con tan solo verla se nos infla el pecho, nuestra personalidad se reprime. No obstante, hay que destacarlo, aquella persona no es la culpable, pues somos nosotros que inconscientemente reprimimos nuestras actitudes, nuestras palabras, nuestros pensamientos y hasta nuestra manera de actuar, para aparentar una persona que no somos y tratar de ser el sujeto perfecto que la otra persona está buscando. En otras palabras nos volvemos idiotas.
¿Por qué nos idiotizamos? Nos idiotizamos porque nos llama tanto la atención una persona que queremos ser perfectos ante ella, queremos actuar como creemos que esa persona quiere que actuemos, solemos a decir “SI” a todo lo que nos dicen, y sobre todo, solemos acompañarlas a cualquier sitio, así sepamos que en cierto momento nos están manipulando. Y es que en ese momento, no somos nosotros, parecemos estar hipnotizados y con las pupilas dilatadas.
Por estas razones, es que delante de etas personas, solemos actuar de forma más tímida que lo normal; tartamudeamos, porque se nos forma un nudo en la garganta y nuestra mente nos traiciona al hablar; nuestros gestos son inseguros, porque no somos nosotros, simplemente intentamos ser otro, para agradarle a otra persona; y nos paralizamos, porque aunque sabemos que estamos actuando mal, hemos perdido identidad ante esa persona.
¿Qué podemos hacer cuando nos damos cuenta que estamos idiotizados? En primer lugar, debemos reconocer que estamos mal, que no somos nosotros y que actuamos como idiotas. Reconocerlo no es malo, al contrario, en lo particular, creo que estar idiotizado es una de las sensaciones más bellas que hemos podido sentir, porque está acompañada de aprecio, cariño e inocencia pura y verdadera. En segundo lugar, debemos despojarnos y dejar atrás todas nuestras dudas y sentirnos seguros de nosotros mismos. Y por último, ser nosotros mismos, auténticos y espontáneos, ya que si alguien nos va a apreciar y a querer que sea por lo que verdaderamente somos y no por lo que aparentamos ser. A todas estas, sería muy triste que una persona nos quisiera porque hemos renunciado a nuestros ideales y nuestra forma de ser.
Tampoco hay que tomar una actitud acosadora, desesperada e impertinente, como diríamos coloquialmente “palo de agua”, ya que esto lo único que demuestra es inseguridad, desespero e inmadurez.
En conclusión, solo debemos ser nosotros, auténticos y espontáneos, mantener nuestra personalidad donde sea y al frente de cualquier persona, y exclusivamente al frente de aquella persona especial que nos atrae. Al fin y al cabo, si nos van a querer, que nos quieran como somos con nuestra cualidades y defectos, y no porque aparentamos ser la persona màs perfecta del mundo.

jueves, 12 de mayo de 2011

¿Que hay detrás?


En ocasiones, cuando conocemos a esa persona especial y nos encariñamos con ella, nos preguntamos ¿Qué pensará esa persona de mi? ¿Cómo me verá? ¿Qué comentarios hará sobre mi? ¿Estaré actuando bien delante de él o ella? ¿Qué hay detrás de sus ojos, de sus palabras, de sus miradas, de sus actuaciones y de sus pensamientos? Estas preguntas son comunes cuando una persona siente hacia otra cariño, aprecio, simpatía y sobre todo ese no se qué, que nos amplia el pecho y nos forma ese nudo en la garganta que nos paraliza. En este sentido, la relación se torna en una constante recolección de información el uno del otro, momento en donde la “ventana” de Johari toma una importancia relevante.
Esta “ventana” consta de 4 cuadrantes: el primero es el “yo abierto”, es cuando una persona tiene tanto confianza en la otra, que se atreve a expresar sus sentimientos, incluso los más personales. El segundo es el “yo oculto”, conformado por nuestros secretos más preciados, y que así haya confianza la persona siente temor en revelarlos. El tercer cuadrante es el “yo ciego”, es todo lo que saben las otras personas de uno mismo, pero que uno no es capaz de obsérvalo. Y el último cuadrante es el “yo desconocido” son aquellas cosas que hacemos en determinadas situaciones y no sabíamos que éramos capaces de realizarlas.
Sin embargo, hay personas que sus ojos parecen unas puertas abiertas, ya que tan solo con una mirada podemos descifrar, que es lo que están sintiendo, pensando e incluso como van actuar. No obstante, hay otras personas que son indescifrables y aunque estemos cercas de ellas, hablemos seguido, las miremos fijamente a sus ojos o tratemos de extraerle información, sentimos que estamos muy lejos de ellas, que las conocemos poco y que sus pensamientos son indescifrables, aquí es cuando nos preguntamos ¿Qué hay detrás?
En estos casos, lo mejor es expresarle lo que sentimos claramente, no solo hablando, también con nuestras actuaciones, nuestro lenguaje corporal y gestual. Pero también hay captar los mensajes que esa apersona nos intenta decir. Generalmente, hacemos caso omiso de estos mensajes, porque la pasamos tan bien con esas personas, nos sentimos tan felices y sentimos esa sensación inexplicable cuando una persona nos llena, que nos volvemos egoístas y nos olvidamos de que es lo que siente y quiere la otra persona.
Cuando ambas personas están en direcciones diferentes y no sienten lo mismo el uno hacia el otro, lo mejor es darse un tiempo, de lo contrario la amistad y la relación en general se tornara incomoda para ambos y puede terminar en un conflicto. En este sentido, si apreciamos a la otra persona y aunque nos afecte, lo mejor es marcar un poco de distancia. Esto no quiere decir que peleemos, nos alejemos totalmente, ni le quitemos el habla, simplemente es darle un tiempo a la otra persona y a uno mismo, enfocarnos en nuestros proyectos individuales para prepáranos y hacernos mejores personas.
D esta forma, dejamos la puerta abierta para futuros acercamientos. Solo hay que recordar que los personajes de la obra teatro, es decir de la vida, llegan, se alejan y vuelven a venir. Solo hay que tenerlos en el libreto aunque sea de personajes secundarios, porque nadie sabe cuando pasaran a ser los protagonistas.