jueves, 1 de diciembre de 2011

El cambio de identidades



Aunque algunas personas hayamos recibido una buena educación y posean un hogar estable donde le hayan inculcado valores e ideales tan fuertes, que incluso podríamos vivir con ellos toda la vida, los seres humanos constantemente estamos cambiando de identidades. ¿Suena extraño? Quizás un poco, pero es cierto.
Si bien, podemos tener presente toda la vida los valores e ideales que nuestros padres tanto se esforzaron en inculcarnos, pero nuestra perspectiva, punto de vista y manera de ver las cosas, cambian a medida que pasa el tiempo, crecemos y maduramos tanto física como espiritualmente. Es como que si entrara una nueva persona en nuestro cuerpo y, de repente, cambiamos de opiniones, pero somos nosotros mismos.
El cambio de identidades es un proceso natural que todas las personas deben afrontar, lo quieran o no. Y en ocasiones, nos preguntamos ¿Por qué en la vida siempre tenemos que avanzar? ¿Por qué no hay una modalidad de retroceso, en la cual puaríamos vivir momentos y situaciones agradables del pasado nuevamente?
Quizás, estas preguntas no tengan respuestas, pero algunas personas dicen que la clave para ser feliz es no mirar atrás y dejar los sentimientos, personas e identidades del pasado olvidadas. Otras prefieren viajar con los recuerdos para no olvidar lo aprendido en identidades anteriores. En lo particular, creo que hay que rescatar los momentos y las situaciones más bonitas, para tener buenos recuerdos; también, hay que conservar las críticas y aprendizaje, para que cada día podamos ser mejores personas; y lo más importante, debemos conservar a las personas que apreciamos y nuestras amistades, pues no hay un regalo más valioso que conservar a nuestros amigos.
Sin embargo, existen varios tipos de personas: algunas les cuesta asimilar los cambios, porque quedan anclados a momentos, sentimientos o personas; Otras tienen una capacidad adaptativa impresionante y rápidamente aceptan los cambios; también existen aquellas que se resisten al cambio a como dé lugar, ya sea por miedo, porque no quieren asumir mayores responsabilidades o porque no conocen que es lo que hay más adelante; también están las que quieren vivir más rápido de lo normal, cuando son niños quieren ser adolescentes y cuando son adolescentes quieren ser adultos; y otras tratan de conservar lo mejor de cada una de sus identidades.
En conclusión, no podemos escoger cuando llegarán estos cambios, pero hay que afrontarlos con madurez, no debemos tener miedo a seguir adelante, al fin y al cabo todas las etapas de la vida tienen su atractivo.

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